Nicolàs Acevedo
No soy exactamente lo que escribo. Puede haber un peldaño más que me coloque en una dimensión desconocida o un peldaño menos que me ahorra inquietudes. Si me falta una coma o la coloco mal, menoscabo mi personalidad y hasta puedo ofender. Si en cambio, la ausencia es de una incorrección en el estilo o un abuso de la sintaxis, me coloco en el trámite del caos y la semántica vuela.
Soy más de lo que escribo cuando me apoyo en la sencillez y oculto mis convicciones para no molestar, para no joder. Entro en una especie de autodesconocimiento, en una atmósfera inundada e irresistible. Sucede lo mismo cuando en mis sueños las pesadillas surgen y sólo el sol del día siguiente aclara mis pensamientos.
Soy menos de lo que escribo si la madrugada me sorprende y no me entusiasmo; si la luz del primer segundo del día no me sacude; si el amor de los cantos de las aves no crea una sinfonía especial en mi alma. O, también, si la interconexión social se torna monótona y no intento mutarla en una sonrisa.
Lo que escribo trasciende la cotidianidad y se sumerge en abstracciones pétreas. Supone la reflexión de lecturas a través de los años inmensos de bibliotecas y sublimaciones. Nada oculto bajo el sol contrae símbolos, mitos, otredades y submundos. Mientras ausculto mi interioridad escriturar, otros navegan en el tren de la ignorancia y desperdician tiempos irrecuperables al son de trivialidades.
Al ser un poco más o un poco menos de mi escritura, destino mi tiempo de plenitud en otros diálogos y en otros silencios y me revuelco en el limbo terrestre del asombro. Empujo pretensiones y me insubordino a las malquerencias de las dictaduras espirituales. Como decía Patxi Andión en una de sus canciones, “váyanse a otro lado, señores, que aquí nada está en venta. Se equivocaron de tienda”.
Si algún valor tiene la escritura ha de ser la de colocar la verdad como sujeto de la oración. Martí repetía incansablemente que las palabras son para decir la verdad. Decir la verdad en este tiempo se torna en un reto supremo, porque los poderes sociales trabajan precisamente en sentido contrario. Desde la dominación se monta un aparataje de imponer lo políticamente incorrecto, cual eufemismo de vender la mentira como verdad.
Más o menos soy lo que no digo, mientras escribo. NIASA. 181024. 21:59:52





