El regreso a las aulas puede ser también el momento para revisar algo que suele quedar fuera de la lista de útiles escolares: la salud preventiva de niños y adolescentes.
Mantener al día las vacunas y hablar desde temprano sobre prevención puede reducir el riesgo de enfermedades que, años después, pueden convertirse incluso en cáncer.
Ante el nuevo año escolar 2026-2027, el especialista en infectología y farmacología clínica Jorge Chaverri exhortó a padres y tutores a verificar los esquemas de vacunación de sus hijos, además de fomentar desde la infancia una alimentación saludable, ejercicio y conversaciones abiertas sobre salud.
Entre las vacunas que tienen un vínculo directo con la prevención de algunos tipos de cáncer están las correspondientes al Virus del Papiloma Humano (VPH) y la hepatitis B.
“La vacuna del virus del papiloma humano, en efecto, tiene muchos mitos; en la mayoría de las veces está relacionado con que tenemos o una información está desactualizada, que está incompleta o que, en efecto, más bien lo que hicimos fue guardar silencio y eso casi nunca ayuda”, sostuvo.
El especialista aclaró que la vacuna contra el VPH no contiene el virus completo, sino partículas del virus que permiten al sistema inmunológico reconocerlo y prepararse para responder ante una eventual exposición.
Explicó que el VPH es una infección muy frecuente que puede transmitirse mediante contacto íntimo de piel y que puede afectar tanto a hombres como a mujeres. Por eso, señaló, la vacunación busca generar protección antes de que ocurra el contacto con el virus.
La vacuna está recomendada a partir de los nueve años y está indicada tanto para niños como para niñas y adolescentes. Chaverri destacó que aplicarla a edades tempranas permite que el sistema inmunológico esté preparado antes de una posible exposición.
“En este momento tenemos dos enfermedades, digamos, dos vacunas que pueden prevenir cáncer. A ese nivel está el virus del papiloma humano, que puede prevenir cáncer de cuello de útero, de ano, de vulva y de vagina”, indicó.
La otra es la vacuna contra la hepatitis B, que protege frente a una infección que puede provocar daño hepático crónico y, en determinados casos, evolucionar hacia un cáncer de hígado, explicó.
Sin embargo, estar vacunado no significa dejar de lado los controles médicos. El especialista recordó que las vacunas son una herramienta de prevención, mientras que las evaluaciones médicas permiten detectar enfermedades y alteraciones que pueden permanecer silenciosas durante años.
En el caso del VPH, Chaverri explicó que una parte importante de las personas logra eliminar la infección de manera natural, mientras que otras pueden mantener el virus en el organismo y desarrollar complicaciones posteriormente.
Padres también deben recibir orientación
Para Chaverri, la prevención no debe limitarse al consultorio médico. Los centros educativos pueden desempeñar un papel importante al ofrecer espacios de orientación dirigidos no solo a los estudiantes, sino también a sus padres, madres, tutores y maestros.
“La escuela tiene que tocar a los niños, pero también tiene que haber espacios para que los padres puedan aprender y, todavía más importante, para que los padres y madres se sientan lo suficientemente cómodos y seguros para poder hablarlo con los hijos e hijas en la casa”, planteó.
El especialista considera que las conversaciones sobre salud deben comenzar antes de que los niños lleguen a la adolescencia, de manera que puedan crecer con información suficiente para tomar decisiones preventivas.
“Aunque desde muy pequeños comencemos a tener todas las partes de lo que es un estilo de vida saludable, prevenir es una de ellas, pero también la buena alimentación, ejercicio, disciplina y la posibilidad de hablar en la familia muy transparente”, manifestó.
Además de la orientación, Chaverri recomendó mantener una alimentación equilibrada y hábitos saludables como parte de una prevención integral.
“Con la vacunación prevenimos, para poder tener una vida saludable. Con la educación, estamos buscando mejores oportunidades para nuestra vida. Cuando las combinamos, pues estamos haciendo que todas esas oportunidades que estamos ganando se mantengan en el tiempo con una vida saludable”, concluyó.
Tras la aplicación de una vacuna pueden aparecer reacciones como dolor, enrojecimiento o aumento de volumen en el lugar de la inyección, además de cansancio, sueño o fiebre. Ante una reacción que genere preocupación, el especialista recomendó consultar con el pediatra.
Así, el inicio del año escolar plantea una oportunidad que va más allá de preparar mochilas y uniformes: revisar vacunas, fortalecer hábitos saludables y abrir en casa conversaciones sobre prevención que pueden acompañar a los niños durante toda su vida.





