El caso de Robinson Canó explica severidad de la WADA con estas sustancias

Cuando en mayo de 2018 Robinson Canó fue suspendido por fallar a la primera prueba de dopaje entre su amplia legión de  simpatizantes quedó el argumento defensor de que se trataba de un diurético… que no ayuda a mejorar el rendimiento.

La sustancia que «envenenó» el legado de Canó ese año fue furosemida, la misma que acaba de enlodar la carrera de la voleibolista Lisvel Eve Mejía en la víspera de los Juegos Olímpicos. Entre quienes se solidarizan con «La China» cuestionan la severidad de la WADA contra estas «píldoras de agua».

Pero en noviembre de 2020, ya con 37 años, el intermedista petromacorisano sirvió de ejemplo del porqué el Código Mundial Antidopaje es implacable contra los diuréticos, puesto que sirven como bloqueadores para identificar sustancias vetadas.

Lo explica Marcos Díaz, quien preside la Convención Internacional Contra el Dopaje en el Deporte de la UNESCO, para subrayar la severidad contra los bloqueadores en el enfoque de garantizar el juego limpio.

Díaz indicó que Eve irá a un panel disciplinario, que escuchará sus explicaciones sobre cómo la sustancia llegó a su cuerpo, pero insistió en que siempre el atleta es el responsable. Allí podrá pedir perdón, argumentar su trayectoria limpia de casi tres lustros, cooperar y en función de la información que levante el panel se determinará el tiempo de la sanción.

Eve cumplirá 33 años en septiembre y será la tercera voleibolista sancionada tras Nuris Arias (por dos años en 2003) y Evelyn Carreras (por uno en 2007). En París se perdió la oportunidad de disputar sus terceros Juegos Olímpicos.

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