Este fármaco lleva 30 años usándose en trasplantes para evitar el rechazo al nuevo órgano, o en enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide o la psoriasis. Es un medicamento inmunosupresor pero, además, ha demostrado en estudios de laboratorio con otros coronavirus que es capaz de inhibir la replicación del virus. Una doble funcionalidad que hace que este fármaco se haya convertido en una nueva y prometedora vía contra el Covid-19, para la que aún no existe un tratamiento estándar.

Aún no se han realizado ensayos clínicos que hayan demostrado su eficacia frente a placebo, pero una investigación que se publica este jueves en E Clinical Medicine (del grupo The Lancet) muestra en un estudio retrospectivo que los pacientes hospitalizados y tratados con ciclosporina tuvieron un 80% menos de posibilidades de morir que aquellos que no la recibieron.

Hemos estudiado los tratamientos que recibieron en nuestro hospital más de 600 pacientes entre marzo y abril. Estudiamos los efectos de la hidroxicloroquina, el lopinavir-ritonavir, corticoides y tocilizumab, además de la ciclosporina. Estudiamos la relación con la mortalidad en pacientes graves y ninguno consiguió reducirla tanto como la ciclosporina. Los pacientes que no fueron tratados con ella tuvieron cuatro veces más posibilidades de morir que los que la tomaron», explica Daniel Carnevali, jefe de Medicina Interna del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid – donde se realizó este estudio – y profesor de la Universidad Europea.

El estudio tuvo en cuenta las características de los pacientes, similares a las de otros grupos de investigación, el perfil fue de 69 años de media y con tasas de comorbilidad comunes hipertensión, enfermedades cardiovasculares, respiratorias y diabetes.

La ventaja de este fármaco es que puede atacar la doble patogenia del Covid: por un lado la actividad del virus y por otra el efecto inflamatorio que provoca una actividad exacerbada del sistema inmune del enfermo. La ciclosporina tiene la doble función: una acción antirreplicativa del virus y la capacidad de modificar la respuesta inmune.

Apenas unos pocos hospitales de España – entre ellos el Hospital Quironsalud donde trabaja Carnevali y la Fundación Jiménez Díaz de Madrid – utilizaron este fármaco en los primeros meses de pandemia, y fue en junio cuando se publicó en el BOE su inclusión en la lista de los medicamentos considerados esenciales para la gestión de la crisis sanitaria ocasionada por el Covid por parte del Ministerio de Sanidad. Este fármaco no figura, sin embargo, en la lista de medicamentos disponibles que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios actualiza en relación con los tratamientos para el Covid.

Carnevali incide en que se trata de un estudio restrospectivo que abre una nueva vía de investigación, «una hipótesis que debe demostrarse» y que actuaría sobre «enfermos graves e ingresados con neumonía bilateral». Estos ensayos clínicos ya están en marcha en otros hospitales madrileños, liderados por la Fundación Jiménez Díaz, para con

El médico firmante de este estudio plantea ahora la necesidad de que confluya la inversión necesaria para poner en marcha el ensayo clínico: «Requiere un soporte económico y organizacional muy complejo por lo que debe haber quien soporte esa iniciativa», explica Carnevali.

Sin embargo una de las grandes ventajas de este fármaco, su precio (30 o 40 euros por tratamiento) puede ser también su talón de aquiles, explica el doctor. «La industria farmacéutica tiene probablemente más interés en desarrollar fármacos que sean caros que otros que sean más baratos», añade. El único fármaco aprobado hasta ahora de forma específica para el Covid-19 es el remdesivir, que ronda los 2.000 euros el tratamiento y cuya eficacia solo se ha demostrado para reducir los tiempos de hospitalización en pacientes graves.