El estruendo de los proyectiles del Ejército ruso y el ulular de las sirenas son la nueva terrible banda sonora que amenaza la vida de los habitantes de Kiev, la capital de Ucrania, en el segundo día de la ofensiva lanzada contra todo el país por el presidente de Rusia, Vladímir Putin. “Es un milagro”, señala con la voz entrecortada Anatoli, de 50 años, delante de un edificio de diez plantas bombardeado en la madrugada de este viernes a una docena de kilómetros del centro de la ciudad. La fachada destrozada con un enorme cráter del impacto delante explica el porqué de ese milagro. Fuentes policiales sobre el terreno confirman a EL PAÍS que solo ha habido cinco heridos. Eran en torno a las cuatro de la mañana cuando “todo tembló y las ventanas de las casas saltaron todas hacia dentro”, relata este vecino. Olga, de 47 años, regresaba a su casa entre lágrimas y todavía incrédula ante la situación que está viviendo. Junto a ella, varios policías y militares rodean la zona mientras los bomberos acaban de recoger. Al menos 137 personas han perdido la vida en la primera jornada de la guerra abierta por Moscú en el país vecino. Mientras, los 27 países miembros de la Unión Europea y Estados Unidos han aprobado una nueva fase de sanciones contra el entramado político y económico de Putin.

Las fuerzas rusas atacan con especial intensidad este viernes la capital de Ucrania, Kiev. El Ejército ruso carga contra infraestructuras civiles para forzar a su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, a negociar y a capitular. El Gobierno de Kiev ha informado de decenas de muertos y heridos en ataques por todo el país. El último balance cifra en al menos 137 las víctimas mortales. Desde el sur y el este del país, las fuerzas especiales rusas y las tropas aerotransportadas tratan además de envolver al ejército ucranio en la región de Donbás, donde los servicios secretos ucranios creen que Moscú puede haber infiltrado además a grupos paramilitares para atacar desde dentro y hacerse con el control total de la zona. El plan podría repetirse, dicen, en otros puntos del país. El objetivo del jefe del Kremlin en Kiev podría ser descabezar a la cúpula del Gobierno. Miles de personas han huido desde el Este, más cerca de la frontera rusa, y de la capital, hacia el Oeste, a ciudades como Lviv, cerca de la frontera con Polonia, donde esta mañana se han oído también las sirenas de alerta por ataques. Decenas de miles de ciudadanos tratan de salir del país hacia Polonia y Hungría.

La vida de los habitantes de Kiev pende de un hilo desde que comenzó el asedio del Ejército ruso sobre la exrepública soviética. Nadie sabe dónde puede producirse el siguiente ataque aéreo, lo que multiplica la ansiedad y el caos. Al mismo tiempo, todos tratan de dar con información fiable para confirmar a cuántos kilómetros se hallan las tropas del Kremlin, que se acercan cada vez más a Kiev.

El gran socavón provocado por el bombardeo del inmueble de diez plantas de Kiev se ha convertido en un lugar de peregrinaje al que se acercan los ciudadanos para comprobar de primera mano la magnitud de los daños. Muchos fotografían la escena con sus teléfonos o graban vídeos para subir a redes sociales. Los cascotes han sembrado el parque infantil que hay justo delante del bloque. Los columpios y el tobogán son testigos mudos de una noche de carreras y alertas que todavía siguen a primera hora del día. Pocos minutos después de las siete de la mañana, las alarmas empiezan a sonar de nuevo. Los vecinos, a la carrera, se dirigen a los refugios más próximos, muchos de ellos al suburbano. En uno de los edificios cercanos al atacado, una treintena de personas se resguarda en silencio en el cuarto de las calderas. Algunos son niños todavía dormidos en el suelo ajenos a todo lo ocurrido.

En un nuevo discurso esta madrugada a la ciudadanía ucrania, el presidente Zelenski ha confirmado múltiples ataques con misiles rusos en varios puntos del país y ha asegurado que las agresiones del Kremlin tienen como objetivo infraestructuras civiles y militares. “Están matando gente y convirtiendo ciudades pacíficas en objetivos militares”, dijo. “Esto es el mal y nunca lo perdonaremos”, recalcó el presidente ucranio, que ha pedido a la OTAN y a sus aliados de Europa del Este asistencia para defensa.

Mientras, el ministro de Defensa, Dmytro Kuleba, ha asegurado que la última vez que la ciudad de 2,8 millones de habitantes sufrió algo similar fue durante la Segunda Guerra Mundial. “La última vez que nuestra capital experimentó algo así fue en 1941, cuando fue atacada por la Alemania nazi”, ha dicho en las redes sociales. Hay ya unos 100.000 desplazados, según estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Y los países de la UE creen que se puede producir una gran oleada de refugiados.

Este viernes se puede convertir en el día más duro de la guerra, ha advertido Anton Gerashchenko, asesor del Ministerio del Interior de Ucrania, que ha asegurado que las fuerzas de Kiev están listas para defender la capital con misiles antitanque suministrados por aliados extranjeros. El ejército ucranio tiene, sin embargo, escasas capacidades en sus sistemas de defensa antiaérea. Con la ofensiva desde cuatro frentes, las fuerzas rusas podrían llegar hoy a las afueras de Kiev.

Ofensiva en el Donbás

El miércoles, poco antes del amanecer en Moscú, el presidente Putin anunció una “operación militar en el Donbás” que justificó como necesaria para defender a la población. “Las circunstancias requieren que tomemos medidas decisivas e inmediatas”, dijo el jefe del Kremlin, que acusó a las autoridades ucranias de “cometer numerosos crímenes sangrientos” y prometió represalias. Putin asegura que que el Gobierno ucranio, cuyo presidente es de origen judío y su abuelo luchó contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, es un “régimen nazi”.

Tras recordar que Rusia es “una de las potencias nucleares más poderosas del mundo”, Putin advirtió de que cualquier intento de detener el movimiento de Rusia hacia Ucrania. Lo que anunció como una operación en el Donbás se ha convertido en una gran ofensiva contra todo el país desde tres flancos.

Zelenski, que aprobó el jueves la ley marcial, decretó durante la noche la movilización general de todos los reservistas y reclutas y prohibió abandonar el país a los hombres de entre 18 y 60 años. El presidente ucranio, que había reforzado el Ejército en el este ante la amenaza del Kremlin, que ha concentrado a 190.000 soldados en sus fronteras oriental y norte, está ahora llevando armas adicionales a Kiev, hacia donde avanzan las tropas de Putin que han entrado desde el norte, por zona rusa y Bielorrusa, un área donde se han hecho con el control de la estratégica zona de exclusión de Chernóbil, donde está el sarcófago accidentado de la central que explotó en 1986 en la mayor catástrofe de la historia.

El mandatario ucranio, que ha reiterado que está abierto a hablar con Putin de paz en cualquier lugar y en cualquier momento, cargó contra Occidente y advirtió a la ciudadanía ucrania de que no esperasen ayuda del exterior. “Estamos abandonados a nuestra suerte en defensa de nuestro estado. ¿Quién está listo para luchar junto con nosotros? Honestamente, no veo a nadie”, dijo en un discurso en ucranio, durante un mensaje a la nación en el que apareció con una camiseta militar verde y sin afeitar.

Zelenski afirmó que él es el objetivo número uno de Putin, que, según los servicios secretos ucranios y estadounidenses, puede tratar de capturar o eliminar a la cúpula del país para poner a un Gobierno títere de Moscú. “El enemigo me marcó como el objetivo número uno y mi familia como el objetivo número dos″, dijo. “Quieren destruir Ucrania políticamente destruyendo al jefe de Estado”, remarcó el líder ucranio que aseguró que está en la capital y que se quedaría allí. Zelenski dijo que su familia también está en Kiev, aunque en un lugar secreto. “También hay información sobre los grupos de sabotaje del enemigo que ingresan a Kiev”, advirtió.

En todo el país, las fuerzas de seguridad han instado a los ciudadanos a evitar vestir ropa militar y a reportar a personas con marcas rojas en la ropa. El servicio de espionaje ucranio cree que grupos paramilitares vinculados a la oscura compañía Wagner, gestionada por un aliado de Putin, y que ya estuvo involucrada en operaciones en la guerra de Ucrania de 2014, en Siria y en Libia, pueden estar ya dentro del país.

Varios vídeos y fotografías publicados por las autoridades ucranianas muestran feroces combates en todo el país, con aviones derribados y tanques dañados y vehículos blindados de personal de ambos lados. En Odesa, una ciudad portuaria y estratégica en el Mar Negro a 48 kilómetro de la costa, también se registraron ataques. Allí, en el mar, las fuerzas enviadas por Putin han logrado capturar la llamada Isla de las serpientes, donde el Ejército ucranio tenía un puesto avanzado. Todos los soldados que la custodiaban, 13, han muerto.

En Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que Rusia está preparada para negociar con Ucrania si acepta convertirse en lo que llamó “un país neutral” y dejar de desplegar armas. “Nadie está hablando de ocupación”, aseguró. “Idealmente, Ucrania debería ser liberada y limpiada de nazis”, declaró ahondando en la retórica de Putin. Ucrania era un país neutral y con estatus de no alineado cuando Rusia se apoderó de la península ucrania de Crimea tras una rápida intervención y con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional y cuando alimentó el conflicto del Donbás, que va a cumplir ocho años. Tras esto, en 2014, durante la guerra, Kiev votó para abandonar esa posición y establecer una agenda para su membresía de la OTAN.