Donald Trump y Vladímir Putin han sacudido el tablero internacional tras haber mantenido una llamada telefónica “larga y productiva” apenas horas antes de la visita del presidente ucraniano Volodímir Zelenski a la Casa Blanca. El contacto, confirmado por ambas partes, ha abierto la puerta a una posible reunión presencial entre los dos líderes en Budapest, según han informado Reuters y The Guardian. La noticia ha tomado por sorpresa tanto a Kiev como a las capitales europeas, que han interpretado el movimiento como una maniobra capaz de alterar el equilibrio del conflicto en Ucrania. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha asegurado que su país “está dispuesto a acoger una cumbre por la paz”, pese a las críticas dentro de la Unión Europea por su proximidad a Moscú. Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha evaluado la posibilidad de suministrar a Ucrania misiles Tomahawk de largo alcance, una medida que, según The Washington Post, ha buscado presionar a Rusia para sentarse a negociar. Moscú ha advertido que el envío de ese tipo de armamento ha supuesto “una provocación directa” y podría derivar en una escalada “sin precedentes” del conflicto.