El nivel de sadismo con el que fue torturado Luis Miguel Jáquez Rodríguez, cuyo cadáver fue lanzado a un pozo séptico junto con el de su pareja Elizabeth Almarante Pacheco, hace a las autoridades presumir que se trató de un ajuste de cuentas.

Ayer, un camión hidrovaciador estaba vaciando los pozos sépticos que hay en el sector Villa Progreso 2 del sector La Unión, donde fueron encontrados los cuerpos en estado de descomposición, debido a que los investigadores sospechan que este no sería el primer caso y que en el entorno pudieran encontrar otros cuerpos.

Jáquez Rodríguez, al parecer era miembro de una banda que se dedicaba a asaltar villas, cometer delitos electrónicos como la clonación de tarjetas o suplantación de identidad, entre otros tipos de hechos delictivos.

Sin embargo, otra hipótesis que se analiza es la posibilidad de que el hecho esté también relacionado a temas de micro o narcotráfico, por las evidencias de tortura que presenta el cuerpo del joven de 34 años.

Las autoridades tiene identificadas a las personas que habrían participado de manera directa en los hechos, además del vehículo desde donde se presume se cometió la acción violenta, sin embargo se desconoce si han ejecutado las órdenes de arresto solicitadas para este caso.

Saben quién rentó la yipeta Hyundai Tucson, gris, y siguen recopilando video de todos los lugares donde se movió el vehículo.

Misa en medio del dolor

Elizabeth Almarante también se habría involucrado con la red criminal al punto de ser utilizada para llevar a cabo algunas acciones. La información que se maneja es que antes de conocer a su pareja, Luis Jáquez, ella era una muchacha muy tranquila pero luego se transformó.

Francisca Pacheco Almonte permanecía sentada en el primer banco de la parroquia San José de la comunidad La Guáyiga, a la espera de que empezara la misa en memoria de su hija Elizabeth Amarante Pacheco y su pareja Luis Miguel Jáquez Rodríguez.

Desde que se sentó, entrelazó ambas manos con la de familiares que se sentaron a sus lados y nunca la dejaron sola mientras él desarrollaba la eucaristía.

Desde su asiento veía desorientada a la multitud que acudía a misa, la cual se celebraba justamente donde Elizabeth se congregaba en los últimos años.

Un equipo de este diario se le acercó y muy respetuosamente le preguntó si quería hablar con la prensa y ella con voz muy baja, respondió: “Ay no, yo no quiero hablar, estoy muy triste”.

La señora miraba con tristeza a los familiares y amigos que acudieron acompañarla. Sus ojos permanecieron todo el tiempo encharcados en lágrimas. No podía ocultar el sentimiento que causa perder a una hija, sobre todo, de una manera tan horrenda.

El padre de la parroquia en su discurso pedía a “Jesucristo” que con su “Espíritu Santo” consuele a esa madre que hasta el momento no sabe, quién asesinó a su hija y su yerno y por qué.

Al concluir la eucaristía, se les hijo imposible, a los amigos de Elizabeth, de la familia y de la iglesia, contener las lágrimas mientras daban el pésame a la madre.