Por Yoarem Monegro
El armamentismo y narcotráfico frente a la geopolítica: una amenaza silenciosa a la soberanía nacional dominicana.
En la trilogía cinematográfica Búsqueda Implacable, el personaje de Liam Neeson enfrenta a redes criminales globales en EE. UU., Francia y Turquía. La premisa de la ficción, y también de la cruda realidad, es que todo gran crimen requiere cómplices locales que abran la puerta. Pero al abandonar la pantalla para mirar el corazón del Caribe, la amenaza ya no es el secuestro de un familiar: es el asedio sistemático a la soberanía de una nación.
Radiografía de una contradicción institucional
Según el reporte estadístico No. 170 de la Fuerza de Tarea Conjunta y la Policía Nacional, la República Dominicana registra en 2026 una tasa acumulada de homicidios de 4.37 por cada 100,000 habitantes y 241 casos de personas desaparecidas en los primeros ocho meses del año. Curiosamente, no hay registros oficiales de secuestros activos ni históricos; una anomalía criminológica en una región convulsa.
Sin embargo, según registros internacionales como The Global Economy, la tasa de secuestros en la República Dominicana se ha mantenido históricamente baja, con un promedio de 0.2 secuestros por cada 100,000 habitantes (muy por debajo del promedio mundial, que ronda los 2.3 por cada 100,000). En cuanto a la clasificación de la seguridad, organismos internacionales y agencias como el Departamento de Seguridad de los Estados Unidos definen a Santo Domingo como un lugar de bajos niveles de riesgo en lo que se refiere a secuestros.
Por su parte, el Ministerio de Interior y Policía (MIP) reporta 245,396 armas legales en manos de civiles. No obstante, la vía formal es apenas la punta del iceberg. Por encima de los permisos legales, un tsunami de armamento de asalto e indumentaria militar circula sin control fiscal ni fronterizo, desafiando abiertamente la seguridad nacional.
La impunidad digital: mercado negro a un clic:
¿Quién regula las redes sociales y catálogos de WhatsApp donde el crimen se equipa a plena luz del día? En el Gran Santo Domingo, el armamento irregular y sin intermediarios se cotiza sin pudor: Carandai 9mm: RD$265,000 (caqui y negra).;Smith & Wesson 9mm (compacta, 13 cápsulas): RD$450,000.; Bersa (17 cápsulas / peine de 30): RD$450,000.; CZ 75 (17 cápsulas / peines de 15 y 30): RD$450,000.; Llama 9mm: RD$280,000.; Arcus (varios modelos): RD$370,000..
Los precios de las armas caseras son menores, dependiendo del modelo, las municiones, el fabricante y el sector en el que se intente realizar la compra, ya que no es el mismo precio en el sur que en Santo Domingo o en los barrios de la capital. A esta oferta se suma la venta libre de uniformes e insignias policiales y militares en comercios informales, dejando el camuflaje criminal en la modalidad de autoservicio.
De la capital a la frontera: el engranaje del transporte público:
El narcotráfico no solo abastece el microtráfico local; conecta al crimen organizado transnacional con las bandas del país vecino. La logística viaja a plena vista en el transporte interurbano. En la ruta desde Santo Domingo hacia el sudoeste, al cruzar San Cristóbal, el viaje en guagua se torna operativo: parada a parada, el cobrador recoge y carga pequeños paquetes en la unidad. Kilómetros más adelante aborda el encargado, hasta llegar a Elías Piña. Es una red de acopio metódica que opera bajo una ceguera institucional preocupante.
Tráfico de personas, Haití y los «faraones» intocables
En paralelo, el tráfico migratorio es un negocio redondo, vídeos virales muestran a indocumentados celebrando con cerveza y refrescando su imagen en peluquerías locales tras cruzar la frontera, justo antes de viajar a la capital. Mientras más del 90 % carece de estatus legal (a pesar de las restricciones dispuestas por el MIREX desde septiembre de 2022), surge la pregunta incómoda: ¿dónde están las condenas para los organizadores de viajes ilegales?
Mientras los operadores de campo actúan con soltura, los cerebros financieros y cobradores de peajes permanecen intocables en sus altares de impunidad, ejerciendo un poder casi faraónico. Todo esto ocurre mientras Haití, colapsado como Estado fallido, es escenario del secuestro de militares extranjeros y el despliegue multinacional. Parte del arsenal que alimenta esa violencia proviene de suelo dominicano, acopiado en cisternas subterráneas y falsos pisos en viviendas, según informaciones que circulan en las mismas redes sociales, listo para el trasiego. Agregar a esto, el informe de la ONU.
La República Dominicana no lidia con delincuentes comunes, sino con una red criminal sistémica donde el microtráfico en guaguas, el mercado negro de armas por WhatsApp y el tráfico de personas prosperan al amparo de la impunidad. Si las autoridades no desmontan las estructuras desde sus cabecillas hasta sus operadores, defender la soberanía será una batalla perdida. Sin un golpe certero a estos faraones, la búsqueda de seguridad no será más que un guion de ficción: tan implacable en la retórica como interminable en la práctica.
@yoaremmonegro
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La autora es Licenciada en Relaciones Internacionales posee Exequatur, maestría en Defensa y Seguridad Nacional, Maestría en Diplomacia, Postgrado en Geopolitica, especialista en Narcotráfico y Terrorismo internacional. Es docente, Asesora de Tesis para contenido.