Montalvo también destacó que el concepto de desarrollo va más allá de las estadísticas y los informes, debiendo ser palpable en la vida diaria de las personas. Según su crítica, se ha normalizado la corrupción y la impunidad en la gestión pública, lo que socava el progreso real. Planteó que, antes de hablar de una reforma fiscal, el gobierno debe concentrarse en mejorar la eficiencia del gasto público, eliminando la corrupción y el despilfarro que actualmente afectan a las instituciones.
Para Montalvo, cualquier reforma debería centrarse en garantizar que los recursos públicos se utilicen correctamente para beneficio de la colectividad, en lugar de agravar el problema con una nueva reforma fiscal. Además, argumenta que la corrupción no solo es un problema sistémico, sino también una cultura aceptada, donde muchas personas participan en ella de una manera u otra. La verdadera reforma, según él, radica en cambiar esta mentalidad y priorizar el bienestar ciudadano a través de una gestión pública transparente y eficiente.





