Por Natyobi Mejia
CEO @saboramíbynatyobi
Sólo cuando se conoce la historia se da valor a lo que hacemos, a lo que damos y a lo que somos. El origen de los uniformes de los chefs se remonta al siglo XVI. Se dice que que los cocineros de ese período fueron a menudo encarcelados y en algunos casos ejecutados debido a su libre expresión del pensamiento.
Para evitar la persecución, algunos chefs se refugiaron en iglesias ortodoxas y fueron ocultados entre los sacerdotes de los monasterios. Por ello usaban las mismas ropas que estos, incluyendo sus sombreros altos y trajes largos, a excepción de que la vestimenta de los chefs era gris y la de los sacerdotes negra.
Más tarde, a mediados del siglo XVIII, el color cambió blanco, gracias al chef Marie-Antoine Carême, debido a que denotaba limpieza en la cocina. Es justo en esta época que se comenzaron a llevar chaquetas cruzadas. Por otro lado, los gorros de los chefs eran más altos para distinguirlos de los cocineros jóvenes que eran más cortos.
La forma cilíndrica de los gorros les ayudaba a mantener fresca la cabeza del intenso calor de la cocina, pues en su interior se solía colocar una bolsa de agua fría. Esta práctica ya casí no se realiza.
En Francia en el año de 1924 un evento gastronómico cambió el rumbo del mundo de la cocina. A este encuentro llegaron unos cocineros de Filipinas con unas camisas tradicionales, de su país, que usaban los trabajadores domésticos y llamaban borang tagalog. Varios expertos afirman que Augusto Escoffier, un cocinero y escritor francés, se apropió de ese traje y lo modificó para que estuviera hecho 100% de algodón y lo bautizó filipina.
Este tipo de camisa es necesaria para aislar a los chefs y cocineros de las altas temperaturas de las estufas y hornos, así como de posibles salpicaduras de líquidos calientes. La doble solapa permite ocultar esas manchas que suelen ocurrir cuando preparan algún platillo.