Nayeli Reyes
Santo Domingo

Encerrados, así dicen sentirse decenas de migrantes haitianos residentes en el Gran Santo Domingo tras las múltiples redadas migratorias del gobierno buscan repatriarlos.

Esquina tras esquina, la disposición del presidente Luis Abinader se ha hecho sentir en las calles de la ciudad capital, donde cada vez se ve con mayor normalidad un camión de cama larga enrejado, custodiado por varios agentes migratorios, en el que apiñaban a cientos de haitianos que fueron detenidos in fraganti en territorio dominicano.

A día de ayer, una visita por sectores capitalinos en busca de haitianos no parecía tarea fácil cuando ellos mismos refieren que, a pesar de tener su documentación al día, se están escondiendo.

“Estamos aquí encarcelados. Uno tiene miedo de salir porque sin importar si tiene los papeles o no se están llevando a todo el mundo”, dijo Maxi Belbal, haitiano que vive de la manufactura en el país, junto a su esposa y cuatro hijos, desde hace más de 20 años.

Pasándola mal

Cientos de ciudadanos haitianos son deportados diariamente del territorio dominicano, según los datos del gobierno, y llevados hasta uno de los vacacionales en Haina para luego ser transportados hasta la frontera de su país.

El presidente Abinader ha referido en varias ocasiones la falta de condiciones que tiene República Dominicana para cargar con el peso que, histórica y sistemáticamente, significa Haití para el Estado dominicano, sin embargo los motivos de repatriación no parecen suficiente para los millares que hacen vida entre las calles nacionales.

“Uno sale para acá porque en Haití no se puede vivir. En mi país no se puede vivir. Los mismos haitianos matándose unos con otros, no tenemos presidente, no hay orden”, relató el albañil haitiano William Nezil, quien tiene más de 40 años en el país, agregando que está completamente de acuerdo que con sus compatriotas ilegales sean repatriados, no obstante dijo que la mayoría no cuenta con las posibilidades de regularizarse.

En rebeldía

En Los Ríos, Herrera, La Ciénaga, Los Guandules y otros barrios de la ciudad capital la comunidad haitiana ha aceptado que se siente intimidada.

Muchos dejaron de ir a trabajar por miedo de ser tomados desprevenidos dejando sus niños a la deriva.