Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), “el abuso infantil ocurre cuando un niño/a es abusado/a física, psicológica o sexualmente, recibiendo golpes, patadas, sacudidas, quemaduras u otras demostraciones de fuerza por parte de un adulto” (UNICEF, 2018).

Los resultados de dos (2) estudios sobre Vulnerabilidad Infantil realizados por expertos de la UNICEF, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) refieren que, “el treinta (30%) de los(as) niños(as) y adolescentes que participaron en dichos estudios, fueron víctimas de abusos y maltratos físicos, psicológicos y sexuales por uno o varios adultos” (Informes de los Estudios de la UNICEF, OMS y OPS, 2016 y 2919).

En tal sentido, los estudios arriba indicados refieren que, para “prevenir y/o confirmar cualquier sospecha de abuso infantil”, los padres y/o tutores debemos observar, entre otros: (1) Si nuestros hijos/as presentan cambios bruscos en sus hábitos y conductas (OMS, 2019 y UNICEF, 2021).

También, (2) investigar si nuestros hijos/as tienen algunas marcas o golpes en sus cuerpos; (3) si éstos/as están involucrados/as en conflictos y accidentes frecuentes; (4) si se quejan de dolores y molestias en sus órganos sexuales o en la boca o en el ano; (5) observar si éstos/as se deprimen con frecuencia; (6) si éstos/as presentan retraimientos y descuidos en su higiene personal o expresan con frecuencia frases fuertes en su contra o se autorechazan (UNICEF, 2021).

Asimismo, (7) observar si nuestros hijos hablan con frecuencia sobre sexualidad y si éstos/as son agresivos. En tal sentido, “si los padres y los tutores observamos uno o más de los indicadores anteriores, es muy probable que nuestros hijos estén siendo acosados, amenazados o abusados psicológica, física y/o sexualmente por un adulto” (UNICEF-2022).

Por lo antes expuesto, los padres y/o tutores debemos “valorar las cualidades positivas de nuestros hijos y, a su vez, estimular su desarrollo integral, reforzando su autoestima manifestarles frases gratificantes” que, los estimules a sentirse orgullosos de sí mismos y, a aceptarse tal y como ellos son (Estudios de la UNICEF, 2005-2016).

En tal sentido, los datos recogidos por los investigadores de la UNICEF, la OMS y la OPS indican que, “cuando los padres y/o los tutores escuchamos y conversamos con nuestros hijos de forma natural”, éstos nos van confían quién o quiénes están abusando o podrían abusar  física, sexual y/o psicológicamente de ellos” (UNICEF, 2019).

No obstante, los especialistas en higiene y salud mental sabemos que, cuando los niños, adolescentes y jóvenes se sienten valorados, escuchados, entendidos, apreciados y amados por sus padres y/o tutores“la comunicación fluye franca, fluida y transparentemente, lo que nos permitirá a los padres y/o tutores, identificar cualquier intento de abuso y/o maltrato que podría ocurrir o esté ocurriendo en contra de nuestros hijos” (Sociedad de Pediatría de Reino Unido, 2017).

Además, los especialistas en higiene y salud mental hemos confirmado que, “la buena comunicación entre los padres con sus hijos”, favorece que éstos confíen en ellos y, al mismo tiempo, les hagan saber cualquier situación que les esté afectando, ya que cuando éstos saben que sus padres y/o tutores confían en ellos, les comunican todo lo que les está sucediendo, sin temores y reservas algunas (Sociedad de Pediatría de Reino Unido, 2015).

También los Psicólogos y los Psiquiatras sabemos que, “un niño/a de tres (3) años en adelante, es capaz de contarles a sus padres y/o a sus tutores, quien o quienes están abusando de él/ella física, psicológica y/o sexualmente” (Reportes de la Sociedad de Pediatría de Argentina, 1999 y 2016).

De su lado, los padres y/o tutores debemos “darles luz verde  a nuestros hijos para que éstos nos comuniquen cualquier situación o evento en los que ellos estén involucrados, estén siendo intimidados, abusados o manipulados por un adulto, sin importar que éste sea el abuelo, la abuela, el hermano o la hermana mayor, el maestro o la maestra, el chofer, el vecino o la vecina o uno de sus compañeros de aula, actividad deportiva, social o cultural”.

Según se sabe, una comunicación asertiva entre padres y/o tutores con sus hijos, garantiza que éstos se sientan acogidos, queridos y comprendidos por sus vástagos, lo que garantiza el desarrollo de su autoestima y la recreación de un ambiente de confianza y armonía entre padres e hijos.

Por lo que hemos visto, a los padres y/o tutores nos corresponde escuchar y acompañar a nuestros hijos 24/7, ya que esto nos permitirá prevenir que estos sean maltratados, abusados o manipulados por un adulto.

En tal sentido, la seguridad física y mental de nuestros hijos, es responsabilidad de sus padres y/o tutores, no del hermano o la hermana mayor o de los abuelos, tíos o tías.

“Detrás de cada niño que cree en sí mismo, hay un padre que creyó en él primero” (Mathew L. Jacobson).