Para evitar llegar a fin de mes con las cuentas en “rojo”, son muchos los trabajadores formales que se han visto obligados a buscar un ingreso adicional o a mantenerse excesivamente limitados con sus gastos. Los más osados usan el financiamiento con tarjetas de crédito como su acompañante fiel.

La premisa surge de un pequeña muestra de trabajadores formales con edades de menos de 23 a 60 años que, según la mayoría, usan tarjetas de crédito para sus consumos habituales y ahora se han vuelto financistas de manera forzosa, porque los recursos o llegan al tope o simplemente “no dan”.
Solo unos pocos trabajadores, solteros y de un estrato social de ingresos medio o medio alto, que viven en casa de sus padres y con edades de hasta 30 años afirmaron que les queda “algo” como ahorro en sus estados de cuentas de débito por el salario devengado. Ese algo no pasa de RD$5,000.

Una joven señora empleada durante más de 25 años, con un salario de RD$45,000 mensual en una gran empresa, aunque forma parte de una proporción mínima de los salarios “más o menos buenos” en el país, afirma que antes de la pandemia podía ver un sobrante de hasta RD$4,000 para el siguiente mes, lo que no pasa ya desde la pandemia.

Cuatro empleadas que devengan un salario neto mensual de RD$27,000 en una empresa grande, todas solteras, dicen que en sus cuentas bancarias le pueden quedar RD$500 a una, RD$3,000 y a las demás RD$4,000 o menos por mes, ya que viven con sus padres y no tienen hijos.

Ese panorama difiere mucho de otra empleada que devenga entre RD$55,000 mensual que aún con ingresos familiares adicionales superiores a ese monto global no llega a ahorrar nada. Paga préstamo de vivienda, energía eléctrica, comida y otros que se llevan casi todo.

DEMANDAS SOCIALES VIEJAS

La economía dominicana, a pesar de que es la de mayor crecimiento en la región Latinoamericana y en términos de pobreza y desigualdad ha mejorado, según organismos internacionales basados en cuentas nacionales oficiales, todavía persisten viejas demandas sociales en educación, salud y servicios públicos y privados como la electricidad y el agua potable, la necesidad de gastar más en educación de calidad o bilingüe, y en medicinas y transporte privado.

En cuanto a transporte, la población más joven que usa el metro para movilizarse en la zona metropolitana de la Capital o el teleférico en la suburbana refleja mejoría en ese gasto. Una joven empleada que devenga RD$27,000 netos mensuales dice que destina RD$2,000 para moverse en metro y teleférico de su casa al trabajo y de ahí a la universidad y viceversa.

Otra mejora ha sido el apoyo de los gobiernos tras la pandemia, mediante transferencias tanto en subsidios al sector eléctrico, como a los combustibles, y a algunos alimentos básicos ofertados vía el Inespre. Todo esto ha conllevado que la inflación (Índice de Precios al Consumidor) haya bajado de 8.68 % en enero 2023 a 4.41 % en septiembre de este mismo año, según el Banco Central.

En momentos en los que la economía crece menos o deja de crecer las familias sienten el peso de los gastos, ya sea porque se ha perdido el empleo o porque el sector donde se ubique no tenga dinamismo.

República Dominicana, según técnicos de organismos oficiales del país aquí y en exterior, está avanzando hacia el desarrollo con reducción de la pobreza de ingresos y la desigualdad.

Sin embargo, los gastos de una familia están directamente relacionados con el ingreso del estrato social que tenga.