Anna Popova, jefa del regulador de salud del consumidor de Rusia, fue una de las primeras autoridades en asegurar que la gente debería dejar de beber alcohol al menos por dos semanas después de recibir la primera de dos inyecciones de la Sputnik V. Además, recomendó que deberían seguir absteniéndose de beber por otros 42 días. Unas declaraciones que hicieron saltar las alarmas, sobre todo, en un país con un consumo elevado de alcohol.

Respecto a las vacunas autorizadas en Europa, como Moderna y Pfizer-BioNTech, los desarrolladores no han hecho ninguna recomendación específica porque los participantes del ensayo no tuvieron en cuenta el consumo del alcohol, y los hallazgos no mencionaron que las personas tuvieran problemas después de beber. «No hay evidencia de que el alcohol reduzca la formación de anticuerpos», dice Richard Watkins, médico de enfermedades infecciosas y profesor de medicina interna en la Universidad Médica de Northeast Ohio.

Sin embargo, Sheena Cruickshank, profesora e inmunóloga de la Universidad de Manchester, explicó al medio HuffPost que cuando se bebe alcohol la noche anterior o pocos días después, el sistema inmunológico no funciona al completo, lo que podría perjudicar el objetivo final de la vacunación. Una conclusión a la que también llegó Ronx Ikharia, especialista en medicina de emergencia, en el documental de la BBC titulado La verdad acerca de fortalecer tu sistema inmunitario.

La Sociedad Española de Inmunología, por su parte, recuerda que  el consumo de alcoholes destilados y drogas tiene efecto inmunosupresor, con unos mecanismos muy parecidos a los que se producen en situación de depresión o estrés. «Hasta hace poco se indicaba que la ingesta moderada de vino o cerveza podría ser ‘inmunosaludable’. Debemos aquí negarlo y distinguir que un placer durante una comida no lo debemos identificar como saludable: que no afecte negativamente al sistema inmunitario no es sinónimo de salud (hay muchos efectos secundarios muy dañinos)», explica la organización. 

Así, la conclusión es que el alcohol es una sustancia que consumida en exceso repercute en el sistema inmunitario, que es el encargado de generar las defensas contra el virus de la Covid-19. Sin embargo, no se ha demostrado que el consumo moderado, por ejemplo, una caña para celebrar la inmunización, esté contraindicado.