Dalton Herrera

Con saco y corbata, muy distinto de los tenis y mallas que lo inmortalizaron como el máximo campeón olímpico de la República Dominicana, Félix Sánchez habla con voz serena pero nostálgica de aquellos juegos olímpicos de Londres que marcaron su vida en el año 2012.

Mientras que María Dimitrova, con una sonrisa que irradia satisfacción por el legado que ha estado forjando en las artes marciales, específicamente karate en la modalidad kata,  también recuerda cuando era la competidora subestimada por todos que se alzó con la presea de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2006 en Cartagena de Indias, en Colombia.

Ambos hablaron durante el Desayuno de Multimedios del Caribe sobre sus triunfos y sacrificios en sus respectivas disciplinas deportivas.

“Después de tantos años en el deporte, subiendo y bajando, manteniéndome; tener la temporada que tuve y salir con una medalla de oro en unos juegos olímpicos que muchos pensaban que yo no iba a llegar ni a la final, y tener esa oportunidad de subir al podio y poder hacer esa reflexión de los años malísimos que tuve, y pensar que pasé por tantas cosas para llegar a este momento, eso siempre me va a marcar”, expresa Sánchez, bicampeón olímpico de atletismo con vallas.

Félix Sánchez recuerda que después de transcurrir las olimpiadas, llegó a su casa y comparó el tamaño de la medalla olímpica de Atenas (2004) y la de Londres (2012), ahí se percató que esta última era mucho más grande que la anterior, lo que le causó curiosidad debido a que así él consideraba que era el esfuerzo que había hecho para obtenerla.

Otro punto que nunca deja fuera es que ese triunfo fue dedicado a su abuela, a quien en más de una ocasión había tratado de rendirle honor mediante una victoria olímpica, por lo que se sintió bastante emocionado al poder cumplirlo.

La subestimada

Dimitrova tiene su propia historia. Y es que en 2006 se tenía que medir con la venezolana Yohana Sánchez, a quien consideraban prácticamente invencible en el kata.

“Había una oponente muy fuerte de Venezuela, que era medallista mundial, panamericana y era la favorita para ganar los juegos.  El pronóstico para mi participación en esos juegos era posiblemente un bronce. Entonces recuerdo que me encerré de manera literal en mi casa, 40 días antes, y convertí una de las habitaciones de la casa en un dojo,  y me encerré y entrenaba dos y tres veces al día, enfocada solamente en esa oponente”, cuenta Dimitrova.

La campeona dice que cuando llegó a los juegos para medirse contra Yohana Sánchez que su entrenador de aquel momento le dijo: “María, tira ahí cualquier kata para que guardes la fuerte para el bronce, a ver si nos llevamos el bronce”, a lo que ella le dijo que sí (pero con sus verdaderas intenciones de dar su mejor esfuerzo).

“Cuando llego; yo rebelde, anuncio la kata con la que me había preparado. Recuerdo que en ese encuentro me concentré tanto que yo ni me acuerdo durante el proceso de la kata, solo me acuerdo cuando yo terminé”, explica.

Agrega que: “cuando termino la ejecución y me paro para la decisión de los árbitros, eran cinco y cada uno tiene una bandera roja y azul y ellos la levantan de acuerdo a su decisión y de la atleta que ellos consideran que fue mejor. Y cuando yo veo que los cinco levantaron cinco banderas rojas dije; ‘ay Dios mío, que pela me dio’. De repente hubo un silencio y escucho a los cinco segundos que la delegación dominicana hace una bulla. Cuando yo escuché me di cuenta que yo era la atleta roja”.

Dimitrova narra que es ahí, en ese momento, que se da cuenta que fue la ganadora y es a partir de ahí que comienza el despegue de su carrera.

“Se abrieron muchas puertas, ya los árbitros me veían de otra manera, y pues, eso fue lo que me ayudó a crecer en mi trayectoria”, concluye.