Decir que una mujer de 60 no tiene las mismas oportunidades que una de 30 no es polémico, es realidad, el problema nunca ha sido decirlo, sino cómo se dice y quién lo dice, porque cuando quien lo dice es una voz con alcance, la frase deja de ser comentario y se vuelve combustible social.
Una figura mediática no habla sola, habla con bocina, y eso fue justo lo que pasó cuando sus palabras provocaron respuestas de Tania Báez, Mariasela Álvarez, Zoila Luna y Miralba Ruiz, mujeres que no están en edad de pedir permiso para opinar, sino en etapa de tener criterio, trayectoria y voz propia, ese cruce no es chisme de farándula, es radiografía cultural.
Porque si vamos a medir valor por edad, midamos parejo, así como hay mujeres de 60 que son una maquinaria de talento, también hay hombres de 30 que vienen en modo demo, versión de prueba y con fallas de fábrica, la edad no define capacidad, lo que define es la sustancia.
Y hablemos claro, también hay hombres de 40, 50 y 60 que no están precisamente rompiendo récords de aporte, pero siguen cómodos porque tienen al lado mujeres que por respeto no los ponen en vitrina, no por debilidad, sino por clase, y eso no es edad, eso es densidad humana.
Lo curioso es que cuando se habla de la “realidad” de la edad femenina, el análisis se vuelve filosófico, estadístico y hasta motivacional, pero cuando toca evaluar la vigencia masculina, de repente todo el mundo se queda calladito, como si el tiempo solo cumpliera años en cédulas rosadas y no en las azules, y esa selectividad no es ciencia, es conveniencia.
Quien tiene micrófono tiene responsabilidad, porque una frase pública puede abrir mentes… o abrirle la puerta al coro de los que estaban esperando permiso para despreciar.
La influencia no es relajo.