Por LEONARDO CABRERA DIAZ
El mundo y su cruce
Tan raro que ni el mundo parece
Pero al fin y al cabo
El Mundo es.
En busca de medicamentos
Me topé en la farmacia
Con una amiga de antaño
A la que hacía años no veía.
Al vernos, ella, emocionada
Por tan exquisita sorpresa
exclamó:
¡Muchacho, pero tu no te pones viejo!
¡Guao! ¡Estás igualito!, ¡hasta la barriga, te queda bien!
Y nos confundimos en un fuerte abrazo, nos dimos un par de besos en las mejillas y uno equivocao, dizque sin querer.
A mi no me salían palabras,
Solo sonreía ensimismado, imagínense, ella dijo, que hasta mi panza me quedaba bien, ¡cuánto tiempo que nadie me halaga así!
Pellizcaba mis cachetes, y hasta una oreja me jaló, diciendo, “la verdad que eres malo”
Y volvió abrazarme, ¡Dios mio, cuantos recuerdos! Dijo
Fue ahí cuando un amigo que observaba aquel electrizante encuentro, me preguntó, ¿Cabrera, pero ustedes se quieren mucho?
Y yo en medio de tanta emoción y sin meditar bien mis palabras, respondí:
Es que ella es la madre de mis tres o cuatro primeros hijos, lo que pasa es que no nacieron.
Todo el que me oyó estalló en risas.
En medio del revuelo, hubo alguien que vociferó, ¡esa si ta buena! la voy a cogé pa’ mi.
Observé, que un señor, secaba las lágrimas de sus ojos con un pañuelo, como se dice por ahí, muerto e’ la risa.
Pero siendo sincero, yo no sé por qué se reían tanto de lo que dije.
La verdad que no entendí.
Creo que ella tampoco, aunque me dijo, tú no cambias, siempre tan “relambío y sabrosito”
Salimos de ese lugar y colorín colorao y pa’ que les cuento.
Ese es el mundo y su cruce
Tan raro que,
ni mundo parece
Pero al fin y al cabo
El mundo es.