La muerte del joven ingeniero Jean Carlos Serrano Toledo, ocurrida el pasado lunes en el sector de Madre Vieja constituye una acción abominable contra la raza humana.
No se trata simplemente del asesinato de un miembro de una familia bien formada, laboriosa, solidaria, amante del progreso; sino de un atentado contra la dignidad humana, contra la decencia, contra el derecho a la vida.
  Es el abierto desafío a dos de los diez Mandamientos dejados por Dios para garantizar la coexistencia pacífica entre los seres humanos: no matarás y no robarás.
 Este no puede ser el dolor de la familia Serrano Toledo. Es el momento de recordar a Terencio, cuando hace más de 2 mil años dijo “nada humano me es ageno”, o a Bertolt Brecht, cuando reflexionaba sobre las acciones de los alemanes: primero vinieron por los socialistas y yo no dije nada porque no soy socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas y yo
No dije nada porque no era sindicalista. Más tarde vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío y luego vinieron por mi y ya no quedaba nadie que hablara por mi.
Todavía estamos a tiempo. Hagamos nuestro el dolor de la raza humana y construyamos juntos u muro infranqueable contra
la delincuencia.