Las lágrimas se han convertido en el símbolo de tristeza de cientos de personas que se congregan en el Instituto Nacional de Patología Forense, con la esperanza de no encontrar a su familiar dentro de la lista de personas fallecidas tras el colapso del techo de la discoteca Jet Set ocurrido la madrugada de este martes.
Y aunque muchos ruegan que sus familiares no aparezcan en el listado, también imploran al menos tener noticias: con vida, como anhelan, o con la confirmación de su muerte, que les permita cerrar la incertidumbre.
El piso, frío y sin consuelo, ha sido el refugio para muchas personas que llegan al lugar sin nadie que les dé un abrazo o que los sostenga cuando el dolor por la pérdida de su familiar los derrumba.
En ese espacio, el abrazo colectivo, la palabra de consuelo y brindar, incluso gel desinfectante, se ha convertido en el gesto más necesario y humano para esas personas, cuya esperanza con el pasar de las horas se va desvaneciendo.
“Ay Dios mío, esto sí es grande”, “mi única hija”, “Debí estar yo ahí”, “Ay Dios mío, que no esté en la lista”, eran algunos de los gritos de las tantas personas que se encontraban en Patología Forense.
Cada cierto tiempo, un miembro del personal médico aparece con una hoja en mano, consultando a los presentes las características distintivas de su familiar.
En una de las puertas salió un doctor con una bata blanca, una mascarilla, una libreta y un lapicero. En ella anotaba las descripciones que le daban los dolientes.
“Andaban cuatro, uno de ellos es joven más o menos como aquella persona“, decía una señora mientras se limpiaba las lágrimas con la mano derecha.
En otra esquina del instituto, el llanto se convirtió en enojo. La espera, la falta de respuesta y la impotencia despiertan su frustración.
“Soy yo su familiar”, decían; “pero denme respuestas a mí”, gritaban otros.
En la entrada principal, debajo de una carpa improvisada, decenas permanecen sumergidas en el dolor, aferradas a la esperanza o resignadas a la noticia que no quieren escuchar.
Mientras terminaba de hablar el director de la institución, quien informaba la cantidad de personas fallecidas, tanto los que intentaron reconocer y los que aún no han podido, cuatro personas cargaban a una mujer hacia la carpa, abrumada por el dolor de que el cuerpo de su familiar sin vida se encontraba en una de las tantas camillas de patología forense.





