Los pros de viajar en grupo aseguran conversación, más adultos para cuidar de tus hijos o multitud de planes. Entre los contras, será más complicado cuadrar horarios y siempre existe la duda de si se puede reñir a los niños de otros

Ventajas e inconvenientes de pasar las vacaciones con otras familias
Cuando se va en grupo y se aprovechan ofertas o se compra a lo bestia grandes cantidades, quizá sale todo un poco más barato.THOMAS BARWICK (GETTY IMAGES)

Cuando las parejas ya han perdido el entusiasmo inicial muchas hacen planes con otras parejas. Y cuando los padres ya han perdido el impulso de montar planes familiares se plantean hacer vacaciones con otras familias. Algunos son muy lanzados y directamente compran a medias una casa en un pueblo para estar atados toda la vida. Otros se animan a un viaje compartido o a alquilar una casa rural durante varios días. Y los más prudentes prefieren un teaser de un fin de semana en un hotel, cada uno en su habitación.

Las ventajas

  1. El entusiasmo se conserva durante todas las vacaciones. Porque, aunque un par de personas estén cansadas o de mal humor o se pierdan con el coche, siempre habrá alguien con energía y ganas que encuentre el camino. O que llame para preguntar o reservar, que se ocupe de los niños cuando estén pesaditos… En definitiva, alguien que recuerde al grupo la suerte de poderse permitir unas vacaciones y lo importante de disfrutar el momento.
  2. Tus hijos tendrán amigos (si vais con gente de su clase) o niños de más o menos su edad (los hijos de tus amigos de antes de tener críos) para ir jugando a todas horas. O para aburrirse juntos mientras esperan para comer o cenar.
  3. Los adultos tendréis compañía y ayuda para gestionarlo todo mucho más rápido (si todo el mundo es efectivo).
  4. Todo el mundo tendrá buena conversación asegurada.
  5. Te puedes repartir el cuidado de los niños. Cuando hay varios adultos competentes puedes delegar el cuidado de los menores y tener un pequeño momento de relax. Quizá incluso puedes llegar a leer unos cuantos capítulos de ese libro que llevas meses arrastrando arriba o abajo. O de manera más prosaica, puedes ir al lavabo sin tener que cargar con tu bolso, el cochecito y los niños.
  6. Cuando se va en grupo y se aprovechan ofertas o se compra a lo bestia grandes cantidades quizá sale todo un poco más barato.
  7. Si eres desconfiado, miedoso, precavido, paranoico, has visto demasiadas películas de terror o todo a la vez, en grupo te sentirás más seguro. En especial, en lugares bucólicos y apartados de la civilización, que durante el día son un remanso de paz, pero por la noche son un lugar remoto y oscuro lleno de sombras que podrían ser un árbol moviéndose con el viento o un asesino en serie con mucho tiempo libre.
  8. Cuando haya algún enfado con la pareja es posible que las otras familias te entiendan, te apoyen o, por lo menos, te suelten una mirada comprensiva y silenciosa que implica “estoy contigo, bro, pero no quiero que me riñan a mí también”.
  9. Si en el hotel o la piscina de los apartamentos o el transporte colectivo vas a acabar coincidiendo y charlando con alguien similar, o si vais a apuntaros a un viaje organizado con desconocidos, ¿por qué no traerte los conocidos ya de casa y que sean amigos?
  10. Por fin podrás salir en las fotos familiares de tu propia familia sin tenerle que dejar el móvil a un desconocido y temer que se largue corriendo con el teléfono.

Los inconvenientes

  1. Cuando los niños se ponen pesados, que eso llega tarde o temprano, tienes que aguantar a más niños (en especial, niños que no son tuyos y que, quizá, educarías de otra manera).
  2. Si los niños de las distintas familias se enfadan o se pelean, y la cosa no se resuelve bien, esto puede afectar a la convivencia y a la amistad en general.
  3. Durante unos días convivirán distintos modelos de crianza y, a veces, pueden ser totalmente opuestos. Además, siempre hay la sombra de una duda que nunca se habla: en caso de necesidad, ¿cada adulto puede corregir o reñir a todos los niños o solo a los suyos?
  4. Si sois un grupo grande cuesta más encontrar sitio. Mesa para 8 o 12 no es tan fácil como mesa para 3 o 4. Esto obliga a reservar con antelación o a esperar más rato para pasar todos, mientras los niños se quejan en grupo.
  5. Sincronizar horarios es bastante imposible. Unos se levantan pronto y luego se les acaba la energía a media tarde, otros bajan tarde a desayunar, pero después a las once de la noche están con más vidilla que el DJ de una boda. Unos tienen hambre antes que otros, otros tardan más en subirse al coche y arrancar. Al final, unos habrán esperado más que otros y se les irá agotando la paciencia.
  6. Cada uno gasta el dinero a su ritmo y según sus posibilidades y gustos. Si pasáis muchos días y lo vais pagando todo a medias, en algún momento alguna de las familias fruncirá el ceño cuando traigan la cuenta y pensará: “Con unos bocatas y una botella de agua ya tirábamos hasta la noche y nos habríamos ahorrado este pastizal”.
  7. A más gente, más diversidad de intereses. Unos querrán ver museos; otros, paisajes; otros, la tele. Unos priorizarán los gustos de sus hijos mientras otros lo harán con sus propios intereses. Y si todas las actividades se realizan en grupo, siempre habrá un par de personas con mala cara quejándose de que quieren estar en otro lado.