Michael Collins, el astronauta que participó en la primera misión espacial que colocó al hombre en la Luna con el Apollo 11, ha muerto este miércoles de cáncer a los 90 años. En un comunicado emitido por su familia, explican que Collins “pasó sus últimos días en paz, con su familia a su lado. Mike siempre afrontó los retos de la vida con gracia y humildad, y afrontó este, su último reto, de la misma manera”.

Collins formó parte del trío de astronautas del Apolo 11, la primera misión de alunizaje en julio de 1969. La misión fue retransmitido por televisiones de todo el mundo y se convirtió en uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX. Sin embargo, a diferencia de Neil Armstrong y Buzz Aldrin, nunca pisó la Luna. Collins se quedó atrás y pilotó el módulo de mando mientras sobrevolaba. Por ello, a Collins se le llama a menudo el “astronauta olvidado”. Cuando Neil Armstrong pisó por primera vez la Luna y pronunció la famosa frase: “Houston, aquí la base Tranquilidad. El Águila ha aterrizado”, Collins estaba en órbita, 60 millas por encima, igual de ocupado e igual de emocionado, diciendo al equipo de vuelta en Houston que estaba escuchando las comunicaciones con sus compañeros, y que era “fantástico”.

En cuanto a la trayectoria de Michael Collins, el tercer miembro de la tripulación, resultó algo más convencional que la de sus dos compañeros. Dejó la NASA en 1970. Aceptó brevemente un cargo de relaciones públicas en la Secretaría de Estado, una opción sorprendente, puesto que ni era periodista ni tenía experiencia diplomática. Y durante sus meses allí tuvo que lidiar con los conflictos de Vietnam y Camboya, las protestas nacionales y los gravísimos incidentes de la universidad de Ken State.

Al poco tiempo comenzó a encargarse de la dirección del todavía inexistente Museo del Aire y el Espacio, en Washington. Inaugurado en 1976, cumpliendo plazo y presupuesto, hoy es uno de los museos más visitados del mundo. De ahí Collins pasó a asumir un cargo en el consejo de la Smithsonian Institution y luego, a la industria aeroespacial, primero como directivo y, por fin, constituyendo su propia empresa de asesoría.

Collins fue uno de los primeros astronautas en escribir varios libros sobre sus experiencias. Y también uno de los pocos cuya vida familiar superó todos los inconvenientes asociados con la exhaustiva dedicación al programa espacial. Enviudó de su primera esposa en 2014. Sin duda, él y Aldrin ocuparán los lugares de honor en las ceremonias que organiza la NASA para conmemorar el medio siglo de la llegada a la Luna. Solo se echará en falta a Neil, el astronauta que nunca quiso figurar.