Editorial-Hoy

Miles de micros, medianas y pequeñas empresas del país pertenecen al muy extendido sector (56%) marginado de las regulaciones de la economía, de reconocimiento legal y de procesos para mejorar su productividad. Una situación casi fantasmagórica que las sitúa en grave desventaja respecto de las otras de más capitales, modernidades gerenciales y relaciones muy favorables con el resto del mercado. Persiste, onerosa y sin sentido de su realidad, una barrera de requisitos burocráticos que asusta, que no las incentiva a moverse hacia una presencia formal que les hace imprescindible recibir facilidades transitorias que incluyan reducciones impositivas y financiamientos blandos. Pendiente que el Estado ponga en vigor un auténtica apertura a su inclusión jurídica. Sobre ellas gravita un vacío de apoyo para el crecimiento, la reducción de costos y una mayor rentabilidad que por razones de costos les tiene cerrado el paso hacia herramientas tecnológicas imprescindibles para competir en el mundo de hoy. Adversidades que aparecen particularmente intensas contra unidades de comercio y manufactura de bajo volumen y sencillez técnica regentadas por mujeres.

 

Hasta en esto se manifiesta la desigualdad de género por esquemas institucionales y culturales; odioso fenómeno social que se resiste a morir con estructuras que las alejan de recursos para hacer crecer sus negocios. La informalidad que arropa a las empresas dominicanas de poca envergadura es una contundente causa de baja productividad y de poco desarrollo del país y es común que se asocie la dureza de la marginación al desempleo, la terrible baja calidad de los ingresos que deparan numerosas ocupaciones laborales informales y a la sobrepoblación de trabajadores ambulantes ganándose la vida en espacios abiertos, arrabalizando áreas céntricas y periféricas de las ciudades, sin acceso a la Seguridad Social ni a la protección de las regulaciones salariales obligatorias. Un verdadero estado de calamidad. En Santo Domingo existen, palpablemente, centenares de talleres automotrices a mano alzada dañando el ornato y estorbando severamente la circulación cerca de grandes e importantes avenidas. Individuos resolviendo problemas mecánicos sin un verdadero estatus de hombres de trabajo con coberturas de seguro, generación de ahorros y derechos a pensiones.