Editorial-Hoy
Miles de micros, medianas y pequeñas empresas del país pertenecen al muy extendido sector (56%) marginado de las regulaciones de la economía, de reconocimiento legal y de procesos para mejorar su productividad. Una situación casi fantasmagórica que las sitúa en grave desventaja respecto de las otras de más capitales, modernidades gerenciales y relaciones muy favorables con el resto del mercado. Persiste, onerosa y sin sentido de su realidad, una barrera de requisitos burocráticos que asusta, que no las incentiva a moverse hacia una presencia formal que les hace imprescindible recibir facilidades transitorias que incluyan reducciones impositivas y financiamientos blandos. Pendiente que el Estado ponga en vigor un auténtica apertura a su inclusión jurídica. Sobre ellas gravita un vacío de apoyo para el crecimiento, la reducción de costos y una mayor rentabilidad que por razones de costos les tiene cerrado el paso hacia herramientas tecnológicas imprescindibles para competir en el mundo de hoy. Adversidades que aparecen particularmente intensas contra unidades de comercio y manufactura de bajo volumen y sencillez técnica regentadas por mujeres.





