Pocas horas después de Estados Unidos reafirmar el sábado último su apoyo al despliegue de una misión multinacional para enfrentar a las pandillas en Haití, el ex líder rebelde Guy Philippe anunció la entrada “inminente¨ de sus fuerzas a la capital, Puerto Príncipe, para echar del poder al gobierno del primer ministro Ariel Henry.

El portavoz del Departamento de Estado, Matthew Miller, dijo en un comunicado que el compromiso de Estados Unidos con el pueblo haitiano sigue siendo “inquebrantable”, a pesar del reciente fallo del Tribunal Superior de Nairobi que prohíbe el despliegue de mil policías de Kenia a ese país fronterizo con República Dominicana.

Philippe pidió, en un audiomensaje en redes sociales, cuya autenticidad fue plenamente verificada por la redacción del diario en línea Gazette Haiti News, el respaldo del pueblo en la región metropolitana “para el éxito del movimiento.”

El pasado 4 de enero, hace 25 días, Philippe, exsenador de Grand’Anse, uno de los 10 departamentos del país, declaró aquellos que respaldan una intervención militar en Haití, con apoyo de Estados Unidos y Naciones Unidas, tienen “un plan bien montado”.

Asegura que pedir una intervención extranjera en su país sólo sirve para “manchar nuestra soberanía, y mantener en el poder, bajo el mismo estatus, a los que asesinaron al presidente Jovenel Moise…”

Ahora, este personaje golpista se propone, sin fijar una fecha, hacer su entrada “inminente” a la capital, una de las pocas ciudades donde le ha sido difícil anclar con sus fuerzas “revolucionarias”, para deponer al quebradizo gobierno de Henry.

Siguiendo los rastros de sus luchas desde su regreso a Haití el pasado 30 de noviembre, cuando fue deportado por Estados Unidos tras cumplir condena por blanqueo de dinero del narcotráfico, todos sus intentos por arraigarse en la capital han fracasado.

Pero, aun así, este ex convicto está consciente de la importancia que tiene Puerto Príncipe para sus fines políticos, y ha jurado continuar con su plan derrocar al gobierno, asegurando estar “casi listo” para regresar al departamento Oeste.

En el mensaje a sus seguidores les informa haber hecho “muchos arreglos” y que él y su equipo están “mucho más cerca de la meta, más cerca de Puerto Príncipe”.

“Estamos listos para regresar a Puerto Príncipe”, afirmó Philippe, deportado de Estados Unidos tras cumplir seis años de cárcel por blanqueo de dinero proveniente del tráfico de drogas.

“Estaré allí. Caminaré con ustedes”, dice Philippe, que también establece entre uno o dos días “para terminar el trabajo” si la gente le apoya.

Asegura que si la población apoya su movimiento, él y su equipo son capaces de “alterar este sistema”.

Cargó con una fuerte acusación al gobierno, indicando que éste pretende “descarrilar” su movimiento distribuyendo, presuntamente, dinero a los ciudadanos para que no se rebelen y de financiar a las pandillas para sofocar su “revolución”.

Después de su plataforma Despertar Nacional para la Soberanía de Haití haber expuso públicamente sus opciones violentas para la toma del poder, muchos haitianos empezaron a dudar de las manifiestas buenas intenciones de Philippe.

UN VUELCO A SU DISCURSO

Este puede ser el motivo del brusco cambio en la retórica del discurso de este ex militar golpista, que ahora, tratando de despejar temores, rechaza cualquier idea en su movimiento relacionada con un “baño de sangre”.

En cambio, explica que su “revolución” sólo quiere alcanzar “un cambio en las condiciones de vida de la población, una reducción de la tasa de desempleo y conseguir y atraer inversores extranjeros”.

Este propósito de Philippe es contradictorio, porque sus prácticas originarias y actuales han sido de violencia e inestabilidad, factores que afectan la inversión nacional y extranjera.

El crimen y la violencia reducen la competitividad y genera ineficiencias e incertidumbre, mientras las variantes menores del crimen también tienen efectos nocivos para la inversión, al recurrir al secuestro, la extorsión y el robo a empresas, ahuyentando así a los inversores.