Perplejos y desconcertados, así han quedado el gobierno y entidades representativas de Haití desde ayer, viernes, tras conocerse el fallo de un tribunal de Kenia que bloqueó el plan gubernamental de desplegar a 1.000 policías en ese país, al considerarlo “inconstitucional, ilegal e inválido”.

El mazazo de la justicia keniana trabó la última esperanza de los haitianos, prisioneros de la violencia brutal de las pandillas armadas, dejando estelas de sorpresa, desilusión y frustración.

Horas antes se vivía una atmósfera de optimismo al conocer del fuerte llamamiento de voces que a nombres de gobiernos en diferentes latitudes reclamaban que se actuara sin más demora para acabar con el drama haitiano.

El tribunal fue más categórico, porque también determinó que el Consejo de Seguridad Nacional de Kenia no tiene la autoridad para enviar agentes de seguridad al extranjero.

El Parlamento keniano había aprobado recientemente el despliegue de 1.000 policías en Haití para ayudar a las fuerzas de seguridad a combatir a las pandillas.

Entonces, ¿y ahora qué?, ¿cuál es el camino a recorrer en Haití en medio de este nuevo trance?

No hay señales a la vista que indique algún alivio allí, porque ya no sólo se trata de bandas armadas y un problemático Guy Philippe embravecido y amenazante, con su jura de una “revolución” de muerte y venganza, obra de su delirante obsesión por el poder.

El gobierno de Kenia anunció ayer, viernes, a través de su portavoz, Isaac Mwaura, que apelará la decisión del Tribunal Superior de Justicia, pero esto implica más espera para una población que apenas aguanta.

Sin ese cambio de mando no se produce, Haití queda expuesto a eventos peligrosos.

Los haitianos no gozan de instituciones fuertes pero, ante un cuadro imaginario de caos, el poder da vida y abundancia a unos pocos. Y es eso lo que está en juego ahora.

Todos los planes de la ONU, que esperaba la fuerza multinacional llegaría para el primer trimestre de 2024, han fracasado. El primer grupo, de 300 policías, llegaría el venidero febrero.

Esto ocurre cuando en ese país se agrava cada día la crisis política, humanitaria y de seguridad arrastrada durante años, que ya ha dejado inoperativas a todas las ramas del endeble gobierno del primer ministro Ariel Henry.

El fallo de del tribunal de Kenia implica que, por ahora, el despliegue de la fuerza multinacional, diseñada para frenar el desenfrenado caos en ese país, es incierto.

Por efecto, esto supone más riesgos de que las bandas se aprovechen de este enorme vacío y avancen hacia más números de sus casi 5,000 muertos, de estos al menos 2,700 civiles, dejados por sus ataques sangrientos durante 2023, según el último informe de Naciones Unidas.

Además, la población haitiana indefensa, que sufre la mayor carga de sufrimiento por el clima de horror expandido en barrios, comarcas y departamentos, podría sufrir los desplazamiento forzados y escapar, si puede, o esconderse, mientras se enfrenta a la falta de techo y alimentos .

EKURU AUKOT, EN GRAN GANADOR

El hombre detrás del revés infringido a los planes de despliegue de fuerzas de Kenia en Haití es el líder opositor Ekuru Aukot, del partido Thirdway Alliance (Alianza de la Tercera Vía).

Un repaso a lo ocurrido en Kenia desde que el gobierno aceptó liderar el contingente, atendiendo a los desesperados llamados de las autoridades haitianas y de la ONU, se encontró con la oposición tajante de Aukut.

Tan pronto el Parlamento keniano aprobó el plan, el 16 de noviembre de 2023, arrancó una ola de protestas en el país africano, siendo el líder opositor Ekuru Aukot la figura más visible y persistente.

De inmediato, Aukot presentó un recurso ante el Tribunal Superior de Nairobi, alegando que la misión es anticonstitucional, porque no se apoya en ninguna ley ni tratado.

Y esto siguió ruta hasta que ayer, viernes 26 de enero, el juez del tribunal, Enock Chacha Mwita, dijo que el Consejo Nacional de Seguridad de su país no tiene ningún mandato para desplegar agentes de la policía nacional fuera de Kenia”.

“(Una) decisión así va en contra de la Constitución y de la ley y, por lo tanto, es inconstitucional, ilegal e inválida”, agregó.

El gobierno ya manifestó su intención de apelar el fallo, a lo que ya antes, adelantándose a esa posibilidad, Ekuru Aukot advirtió, hablando para la agencia AFP, que “los esperaremos en el Tribunal de Apelación e iremos hasta la Corte Suprema”.

El gobierno de Kenia tendrá que emplearse bien a fondo en este caso de apelación, siendo muy probable que sufra un nuevo revés y acabaron con las expectativas de un despliegue de sus fuerzas para restaurar allí la seguridad de los ciudadanos y el país se encamine por un sendero seguro.

Los magistrados del Tribunal Superior de Nairobi ya expusieron los fundamentos de su decisión, con un fallo en el que juzgan “inconstitucional, ilegal e inválido”, a su vez que le quitan toda autoridad legal al Consejo Nacional de Seguridad de su país para desplegar agentes de la policía nacional fuera de Kenia.

Viendo la fuerza de los términos contenidos en esa decisión, resulta difícil pensar que los jueves de ese ente de justicia se retracten de su fallo.

Por eso, el futuro de Haití, si se aferra a una misión de Kenia para liberarse de sus tantas desgracias, pinta nebuloso.

LA APELACIÓN VA

Isaac Mwaura, el portavoz del gobierno de Kenia, anunció ayer habrá una apelación tras la decisión del Tribunal Superior de Justicia de bloquear el despliegue de agentes de policía en Haití.

Mwaura recordó que “Kenia tiene un historial excepcional de contribución a misiones internacionales de mantenimiento de la paz en países como Sudán del Sur, Namibia, Croacia, Liberia, Sierra Leona, entre otros”, declaró el portavoz gubernamental.

A esta hora, los grupos pandilleros podrían estar más relajados y, probablemente, más cómodos para seguir su hilera de crímenes, robos, asaltos y violaciones, teniendo claro que su mayor desafío era la presencia de una fuerza multinacional.

RD NO DEBE BAJAR LA GUARDIA

A República Dominicana, el fallo del tribunal de Kenia debe dejarle un mensaje claro de que no debe inmovilizar la vigilancia estricta de la frontera y la protección del territorio nacional a promesas de soluciones externas al caso haitiano.

Haití es un vecino complicado e impredecible. Así que, en tiempos de paz o de guerra en esa franja, la tarea central de este lado debe centrarse en la fortaleza de nuestra capacidad de defensa y respuesta rápida a las contingencias.

Durante los últimos meses se ha observado una cada vez más activa presencia de grupos y bandas peligrosas armadas que crean focos de tensión e intimidan en la frontera terrestre, específicamente por entorno de Dajabón, creando inquietud.

No solo promueven a sus líderes violentos y reprimen a sus compatriotas, sino que recurren a las arengas de odio, venganza y amenazas de violencia contra los dominicanos.

Cuanto ocurra allí preocupa y alerta de este lado. Nada más recordar el reciente choque a tiros entre la policía haitiana y personal de la Brigada de Vigilancia de Áreas Protegidas (BSAP), fieles a Guy Philippe, en Juana Méndez.

Los efectos de la decisión del tribunal superior de Kenia habrán de quedar expuestos pronto en el mismo corazón y los envoltorios de Puerto Príncipe, y en los laberínticos guetos urbanos donde ya no hay más cupo a la miseria, igual que las arruinadas comarcas donde la vida pasa tan rápido como la muerte, bajo el azote de las bandas. Es solo cuestión de espera.

Mientras tanto, de este lado dominicano, la vigilancia, prevención y defensa activa de la frontera debe ser tarea sin prórroga.