Las torrenciales lluvias asociadas al disturbio tropical que afectó el país durante el fin de semana inundaron las calles y viviendas de la comunidad Lavapiés, en San Cristóbal. Sin embargo, esta no es una situación nueva en la zona, debido a que cada vez que llueve la denominada «Cañada del Diablo» hace de las suyas.

Tanto las calles como las vivienda se inundaron de agua sucia, las cuales arrastraban consigo una gran cantidad de lodo y piedras.

Algunos comunitarios del lugar manifestaron a Diario Libre que aunque han aprendido a convivir con la amenaza de la cañada, en esta ocasión se vieron asustados al ver con la fuerza que iba y cómo el agua entraba a las casas empujando a algunos de ellos a salir de sus viviendas.

«Todas las casas se llenaron de agua, en el negocio se metió el agua, en mi casa se me dañaron las camas. Lo que queremos es por lo menos que limpien la cañada, porque cuando sube, sube el agua y sube la tierra. En mi casa nunca se había metido el agua y se metió«, dijo la señora Cuevas.

Además, indicó que producto de esta situación la comunidad lleva tres días sin agua potable, por lo que no encuentran ni siquiera como limpiar sus hogares.

La señora Milagros Emeterio sostuvo que la situación en la zona es triste y que muchas veces deben dejar sus pertenencias tiradas ya que lo importante es salvar la vida. 

Aseguró que las autoridades solo han hecho promesas vacías en la comunidad, ya que no han solucionado el problema, el cual han cargado por muchos años.

«Nos abandonaron» y están «hartos» de promesas

Las voces de los comunitarios resonaban con indignación y desilusión al sentirse abandonados, no solo por la implacable lluvia, sino también por la falta de respuesta de las autoridades locales. Precisaron que el alcalde de la provincia, José Montás y la gobernadora Pura Casillas, parecían haberse esfumado en la tormenta, dejando atrás a Lavapiés en su momento más vulnerable.

Representantes de la junta de vecinos de la comunidad afirmaron que han buscado ayuda en múltiples ocasiones, enviando cartas a las oficinas del gobierno local. En ellas, plasmaban sus preocupaciones, describían la cruda realidad que vivían con cada inundación y suplicaban por medidas que protegieran sus hogares y sus vidas. Sin embargo, estas súplicas parecían caer en oídos sordos, y la respuesta que tanto ansiaban no llegaba.

Indicaron que están hartos de promesas vacías y de sentirse ignorados por quienes están al mando de la provincia, por lo que se unen en un grito colectivo de exigencia.

En medio del caos, la solidaridad se convirtió en el ancla que mantuvo a Lavapiés a flote. Los vecinos, conscientes de que la fuerza de la comunidad superaba cualquier adversidad, se organizaron para limpiar ellos mismos el desastre que dejó la cañada en la zona.

Temen ocurran enfermedades

Ante la situación que se vive en el lugar, los comunitarios temen la contaminación de esas aguas lleven enfermedades de dengue o cólera en la comunidad.

Según expresó Claudia Hernández, quien también resultó afectada con las inundaciones, teme los brotes de enfermedades lleguen a la zona, ya que dos de sus sobrinos se vieron muy mal de salud tras ser infectados con el mosquito del dengue.

Comentó que, además de su casa, en otras viviendas hay decenas de niños afectados con la enfermedad, por lo que ve prioridad que las autoridades del Ministerio de Salud Pública se involucren y asistan a fumigar la zona.

Sobre el fenómeno

El último informe del Centro de Operaciones y Emergencia (COE) establece que debido a las lluvias ocurridas en el país, se registran 25 fallecidos en total. Entre los puntos más afectados mencionó Distrito Nacional, Monte Plata, San Pedro de Macorís, Duarte y San José de Ocoa.