En 2010 el diputado Leivin Guerrero, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por San Cristóbal, propuso un proyecto de ley ante el Congreso Nacional que buscaba la creación de una casa-museo sobre Rafael Leónidas Trujillo en ese lugar, que tendría como objeto la recopilación, organización, investigación y difusión de los bienes del patrimonio tangible e intangible de la nación, relativo a esta etapa que se extendió desde el 1930 hasta el 30 de mayo de 1961. La propuesta, tanto en ese entonces como en estos tiempos, cuenta con personas que la apoyan y otros que se oponen.

La propuesta de Leivin, para esa fecha generó una discusión en la que se presentaron argumentos a favor y en contra pero sin embargo, debe admitirse que para los fines de San Cristóbal hubiese sido de gran provecho

Cabe destacar,que San Cristóbal ha carecido de un fuerte sector comercial o social que reivindique las necesidades de su pueblo por encima de las pretensiones de algunos sectores nacionales, que nada tiene que aportarle, pero que se oponen a cualquier intento en ese sentido

La mayoría de los muebles que estaban en la casade caoba, que quedaron  descuidados tras la muerte de “El Benefactor”, fueron trasladados a diferentes lugares, especialmente al Castillo del Cerro, un majestuoso edificio construido en 1949 por orden del mismo Trujillo, donde aun se conservan parte de esos artículos.

Es un inmueble de cinco niveles, cuya fachada es similar a la proa de un buque, decorado en áreas del primer nivel como una réplica de salones del Palacio Nacional. Fue construido por el mayor del Ejército Henry Jean Gazón Bona, un ingeniero-arquitecto autodidacta de origen francés que erigió gran parte de las edificaciones de la época.

El Castillo del Cerro, que se levantó con los recursos del Partido Dominicano, fue construido en terrenos escogidos por Virgilio Álvarez Pina y Benjamín Uribe Macías.

Aunque Trujillo nunca habitó la vivienda, ya que la consideraba una “casa de locos”, este es uno de los lugares de la Era que más recuerdos guarda de él, sobre todo por los artículos personales que allí se encuentran.

Los techos del Castillo son quizás una de las peculiaridades que más asombran al visitante, pues cada uno tiene un diseño especial, con estilos orientales, imperiales y hasta con un Buda en los cuatros extremos.

El diseño está inspirado en el estilo barroco y en sus techos y paredes se contemplan incrustaciones decorativas de mármol rosado y verde, traídos de Italia, que trasladan a los visitantes a la época imperial. Al principio estuvo pintado de marrón y rojo vino, colores propios del estilo en que fue inspirado.

El área del Castillo, donde están las camas, comedores, clósets, gaveteros, entre otros artículos de Trujillo, fue remodelada en el año 2006, y para la ocasión se invirtieron unos 10 millones de pesos. Desde la azotea se puede apreciar una panorámica de la provincia de San Cristóbal y parte de Santo Domingo.